3 CONSECUENCIAS DEL DESEO SEXUAL

Para entender las consecuencias del deseo sexual primero debes comprender que este deseo dentro de la psicología cognitiva es visto, a muy grandes rasgos, como un interés sexual hacia objetos, actividades o características abstractas sin que esto se limite a la intención de establecer contacto genital, ya que el deseo sexual es más psicológico que fisiológico; es decir que puede haber deseo sin que haya lubricación vaginal o erección peneana. 

Esto es porque el deseo sexual también puede enfocarse en pensamientos, o búsqueda de sensaciones abstractas, que no pueden ofrecer ninguna clase de satisfacción genital. En pocas palabras: lo excitatorio dentro del deseo sexual no se encuentra tanto en la situación u objeto sino en la posibilidad de conseguirlo; siendo que es posible que este inicio excitatorio se dé por cualquier situación, objeto o hecho: libros, vídeos, interacciones sociales…

¿CUÁLES ASPECTOS CONFIGURAN NUESTRA SEXUALIDAD? 

Lo que llamamos sexualidad se configura con base en 4 aspectos muy importantes: el deseo sexual, la activación sexual, las conductas sexuales y la función sexual. Lo interesante en todo esto es que, a pesar de lo que podría considerarse, cada una de ellas es independiente y puede funcionar sin necesitar una activación previa o simultánea de algún otro aspecto. Por ello es que sólo llamamos deseo sexual al deseo psicológico.

Cada uno de los aspectos está entonces separado sin que esto signifique que no puedan darse al mismo tiempo. Tanto las mujeres (en mayor medida) como los hombres reportan situaciones en las que sienten una activación sexual, configurada por una mayor tasa cardíaca, aumento de temperatura y sensibilidad en las zonas erógenas tales como el cuello y el pecho, sin que se dé lubricación ni erección. 

Por otra parte puede darse la función sexual sin que exista ninguna clase de deseo ni de activación sexual. En el caso de las mujeres es común, por ejemplo, que lubriquen “espontáneamente” tanto en la fase inicial como final de la menorrea. Los hombres por nuestra parte tendemos a tener erecciones involuntarias en las noches y ocasionalmente durante la vigilia. 

De los comportamientos sexuales hablaremos en un momento cuando te explique las primeras consecuencias del deseo sexual. Para mí, este último es el más interesante de todos los aspectos de la sexualidad ya que es netamente cognitivo y se relaciona con el deseo que sentimos hacia nosotros mismos y hacia los demás; y sobre los pensamientos con los que interpretamos la vida sexual.

"...este deseo (el sexual) dentro de la psicología es visto, a muy grandes rasgos, como un interés sexual hacia objetos, actividades o características abstractas sin que esto se limite a la intención de establecer contacto genital"

DESEO SEXUAL FISIOLÓGICO Y DESEO SEXUAL PSICOLÓGICO 

Dado que la parte fisiológica y psicológica no deben ir necesariamente juntas (tal como sería el caso de aquellas personas quienes han sido mutiladas genitalmente pero aún pueden sentir deseo) es que, en términos generales y discutibles, llamamos impulso sexual a la manifestación fisiológica y genital de la sexualidad mientras que a la parte cognitiva le llamamos deseo sexual.

El impulso sexual se encuentra modulado y, en cierta medida, guiado por la testosterona en los hombres y por los estrógenos y la testosterona en las mujeres. Estas hormonas son las responsables de que se dé la reproducción sexual en nuestra especie y las que permiten que el impulso sexual se mantenga inclusive en situaciones tan precarias como las que tienen quienes están privados de la libertad o viven en situación de calle. 

Por otro lado, el deseo sexual puede poseer, en cierta medida, características motivadoras y de autovalía, motivo por el cual puede disminuir en situaciones en las que la motivación o el autoestima no están en un buen nivel. Este deseo es vivido por cada individuo de forma diferente; tal es así que en ocasiones su cumplimiento se puede dar al recibir caricias, abrazos, besos o inclusive palabras de validación. 

El deseo sexual, según lo que acabo de mencionarte, se relaciona entonces de forma cercana con nuestra búsqueda de intimidad, es decir, con la consonancia emocional que sentimos al tener a alguien con quien mantener contacto, contar cosas personales y sentirnos aceptados, cuidados y apreciados. Es por ello que las consecuencias del deseo sexual pueden ser mucho más variadas que las que puede ofrecer el mero impulso sexual.

¿CÓMO EVOLUCIONA NUESTRO DESEO SEXUAL DURANTE LA VIDA? 

A pesar de que no existe un deseo sexual, propiamente dicho, durante la primera infancia, sí existe curiosidad genital e inclusive conductas masturbatorias; es decir que los niños suelen tener conductas “adultas” pero sin impulso sexual, siendo que este último puede surgir aproximadamente desde los 9 años de edad y que tiende a darse de forma más temprana en mujeres que en hombres. 

Con la llegada de la adolescencia (dudo que esto sea un secreto para tí) el impulso sexual incrementa considerablemente debido al aumento de la testosterona, tanto en hombres como en mujeres, lo que se traduce en un fortalecimiento de las conductas sexuales tales como la masturbación, y el sexo en pareja, y del deseo sexual mostrado a través de fantasías e intereses específicos; lo que amplia la posibilidad de que se den las consecuencias del deseo sexual en este momento de nuestro desarrollo. 

Tanto la adultez como la adolescencia comparten las mismas características de la sexualidad que te mencioné anteriormente (deseo sexual, activación sexual, conductas sexuales y función sexual). Sin embargo, durante la adolescencia se encuentran descontroladas e inestables puesto que es apenas una época en la que el deseo sexual normal está empezando a estructurarse. 

La adultez temprana y la mediana tienden a ser momentos de mayor disfrute y control del impulso y el deseo sexual ya que lo común es que en este rango de edad la mayoría de las personas ya hayan experimentado conductas sexuales en pareja y ya hayan depurado las fuentes de su deseo sexual. Ya en este punto tiende a saberse cuál género nos interesa más y, entre otras cosas, qué conducta o pensamiento sexual nos produce un mayor placer. 

Infortunada, o afortunadamente, tanto el deseo como el impulso sexual disminuyen con la edad (aproximadamente entre los 45 y los 70 años) tanto en hombres como en mujeres. Los factores genéticos, las enfermedades específicas, los malos hábitos de salud y sueño, o, en el caso de las personas con pareja, la monotonía, suelen ser factores que pueden acelerar el proceso y, por consiguiente, aumentar las consecuencias del deseo sexual sobre la nuestra auto-percepción de valía o belleza

LAS INFORTUNADAS CONSECUENCIAS DEL DESEO SEXUAL 

Si piensas que este título está cargado con demasiado dramatismo tienes toda la razón. No existe ninguna consecuencia del deseo sexual que sea directamente negativa y por supuesto, en la mayoría de los casos, existen formas de escapar de dichas consecuencias. Sin embargo, sí que puede suceder que una manifestación descontrolada del deseo sexual o de las conductas surgidas de este sean dañinas. 

Tanto las conductas hipersexuales como hiposexuales pueden ser causantes de dolor ya sea propio o ajeno. Situaciones o conductas tales como las violaciones, la masturbación excesiva o la pederastia pueden darse debido a una hiperactivación sexual; sin que esto signifique que una hipo-activación sexual sea ideal o menos dolorosa, y más si se tiene en cuenta que nuestra sociedad se encuentra altamente sexualizada. 

"Tanto las conductas hipersexuales como hiposexuales pueden ser causantes de dolor ya sea propio o ajeno"

INFORTUNADAS CONSECUENCIAS DEL DESEO SEXUAL: PARAFILIAS

Los desórdenes parafílicos se definen como “… fantasías, impulsos o comportamientos recurrentes, intensos y sexualmente excitantes que son estresantes, angustiantes o incapacitantes y que involucran objetos inanimados, niños (o adultos que no consienten), sufrimiento o humillación de uno mismo o de la pareja con el potencial de causar daño”.

Dentro de estas parafilias se encuentran, según el DSM 5 (qué es el manual diagnóstico más importante en el momento), los trastornos de: voyeurismo, exhibicionismo, frotteurismo, pedofilia, masoquismo sexual, sadismo sexual, fetichismo, travestismo, entre otras. Para que estos sean considerados parafilias debe existir poco control sobre el deseo o el impulso y, además, debe generar malestar significativo tanto para sí mismo como para el individuo objeto de la conducta

Quizá te estés preguntando qué tiene que ver el deseo sexual con todo esto. Como te había explicado antes, la conducta sexual humana no necesariamente debe obedecer a la excitación genital o fisiológica sino que, en ocasiones, las ganancias abstractas son más relevantes que la conducta sexual en sí; siendo que, por ejemplo, un voyeurista se excite más por la posibilidad de ser visto que por el hecho de ver. 

La parafilia puede mantenerse únicamente gracias al deseo sexual, y sus comportamientos, dado que es a través de estas conductas que se satisfacen sus verdaderas “necesidades” que podrían ser, por ejemplo, de transgresión, poder, reconocimiento social, auto-reconocimiento, entre otros. Por medio del reforzamiento de estas intenciones vedadas es que se mantienen algunas de las infortunadas consecuencias del deseo sexual

LA VIOLENCIA SEXUAL COMO CONSECUENCIA DEL DESEO SEXUAL 

Algunas hipótesis para la violencia sexual consideran que los traumas emocionales tempranos, las experiencias tempranas con altas cargas sexuales y un aprendizaje asociativo entre el objeto y el placer genital pueden modificar el desarrollo sexual, reforzar el deseo descontrolado por placer genital o aumentar la excitación fisiologica o genital producida por un objeto especifico. 

Te lo menciono porque son características comunes en quienes generan violencia sexual (refiriéndome tanto a hombres como a mujeres victimarias). El desarrollo sexual temprano puede darse de forma indirecta, como con la pornografía, o directa, como en el contacto genital con otra persona o animal. Ambas conductas tempranas pueden servir para generar un modelado que normalice ciertos actos tales como utilizar el cuerpo para subyugar o subordinar a otro ser humano. 

La violencia sexual es un caso particular de las consecuencias del deseo sexual ya que no todas las personas que la generan, sean hombres o mujeres, sienten un impulso sexual que los lleva a hacerlo sino que el deseo sexual y su, verbigracia, búsqueda de poder, supremacía o control hacen de la violencia sexual más un ejercicio práctico (que sirve como estrategia para enseñar miedo u obediencia) que una necesidad individual imperante. 

¿QUÉ PASA SI TENEMOS POCO DESEO SEXUAL? 

Con la intención de dejar atrás situaciones tan crudas y poco esperanzadoras te traigo otra situación igual de desesperanzadora pero menos cruda. Hasta ahora hemos visto dos posibilidades que podrían nacer en el caso de que el deseo sexual, y su conducta sexual, fuese incontrolable hasta el punto de lastimarnos a nosotros mismos o a los demás; convirtiéndonos en victimarios y parias. 

Ahora me gustaría mostrarte la opción contraria en la que el deseo sexual no alcanza a ser lo suficientemente significativo y dañino pero tampoco es suficiente para llevar a cabo situaciones que son socialmente solicitadas por la cultura o por el compañero sexual. Por ejemplo que tengas una pareja pero que tu deseo sexual no sea suficiente para compartir actos sexuales con ella/él  ¿Cuantos inconvenientes podrían generarse de esto? ¿Cómo crees que te sentirías?.

En este caso se podrían dar dos, o más situaciones. Por un lado, que caigas en un bucle de nula sensación de autoeficacia y, por el otro lado, un daño físico debido a la búsqueda de una solución enfocada en el cuerpo cuando quizá el problema está en la mente. Para descartar esto último te recomiendo, obviamente, que consultes antes a un urólogo. 

El deseo sexual en este caso tiende a ir desapareciendo debido a la comúnmente utilizada estrategia de la evitación; ya que cuando esto sucede se suele intentar abolir cualquier probabilidad de que se lleve a cabo un momento de intimidad, por ejemplo, rechazando citas, yéndose a dormir en momentos diferentes (en el caso de una pareja), enfocadose de forma compulsiva en otras labores, etc. Esto genera un ciclo de retroalimentación negativa que a mediano plazo termina llevando al deseo sexual a su mínima expresión. 

consecuencias del deseo

PARA CONCLUIR…

En este artículo solo mencionamos las parafilias, la violencia sexual y la hipoactividad sexual, es decir, solo una ínfima parte de todas las consecuencias del deseo sexual enfocado de forma “inadecuada”. Sin embargo no quiero que pienses que el deseo sexual es algo dañino per se. Al contrario, sin él nuestra sexualidad sería aburrida y monótona. 

El deseo sexual nos brinda la posibilidad de explorar la vida sexual más allá del contacto genital, ayudándonos a satisfacer necesidades o deseos psicológicos alcanzables por medio de la intimidad y el contacto físico. Mejorando así nuestra autoestima, nuestra sensación de auto-eficacia e inclusive teniendo resultados positivos de forma indirecta en lo relacionado con otras actividades físicas e intelectuales. 

Cuéntame, para ti ¿Qué otras consecuencias puede tener el deseo sexual? 

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BIBLIOGRAFIA 

  • DeLamater, J. D., & Sill, M. (2005). Sexual desire in later life. Journal of sex research, 42(2), 138-149.
  • Heiman, J. (2001). Sexual desire in human relationships. In W. Everaerd, E. Laan, & S. Both (Eds.), Sexual appetite, desire and motivation: Energetics of the sexual system (pp. 117-134). Amsterdam: Royal Netherlands Academy of Arts and Sciences.
  • Wallen, K. (2001). Risky business: Social context and hormonal modulation of primate sexual desire. In W. Everaerd & E. Laan (Eds.), Sexual appetite, desire and motivation: Energetics of the sexual system (pp. 33-62). Amsterdam: Koninklijke Nederlandse Akademie van Wetenschappen.

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